Cada uno, aún siendo un proceso similar, vivirá seguro ese paso definitivo en el que dejas de ser estudiante para convertirse en profesional de una forma particular. Cada uno tendrá unas expectativas distintas, unos anhelos propios.
Pero es sobre el escenario dónde uno se hace de verdad bailarín. Ineludiblemente. Es donde te das cuenta de tus carencias, de tus virtudes, donde realmente tienes la posibilidad de desarrollar el conocimiento que has debido adquirir. Tomas consciencia de ti mismo, es imprescindible la parte técnica -desde luego es vital-, pero es en el escenario dónde te percatas de que por encima de esa cuestión necesaria quedan todavía peldaños complicados, el estilo, la capacidad artística del bailarín.

Ha habido momentos en los que sobre el escenario he visto mis vacilaciones y debilidades como intérprete de un rol, la falta de encaje con el estilo que demandaba la pieza. Otras en las que, sintiendo que le tenía tomada la medida en el aspecto, precisaba una mayor definición de mi técnica.
Es un camino que no termina. Una investigación en la que profundizar en mi relación con la danza para saber quién soy como bailarina cuando estudio y quién soy cuando, por fin, actúo en un escenario.
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